Serie Río Paraná

Esta serie de fotografías tiene origen en los años en que vivía entre los márgenes del Río Paraná, entre 2007 y 2012. Los primeros años, en Yaguá Rincón, cuando un joven artista del interior de la provincia,  e invité a un grupo de artistas de distintos pueblos a reunirse en la habitación que alquilaba para vivir y trabajar en la planta alta de un viejo petite hotel devenido en pensión frente al puerto de la ciudad de Corrientes. Alberto Ybarra, Jorge Efrén Silva, Mati Obregón, Fabián Roldán, Lucas Vera, Pali González, Walter Fernández, José Olivera, Aquiles Coppini, Zunilda Silva, Celeste Jacobo y muchos otros. Yaguá Rincón fue el primer colectivo de arte contemporáneo de la provincia, y llegamos dos veces a arteba, en 2008 y 2009.

En estas latitudes, inauguramos un capítulo de la historia del arte. Este espacio habilitó la experimentación en el arte desde lenguajes que hasta entonces no habían tenido espacio en el arte local. Desde allí surgieron artistas que marcaron huella. El arte se abrió a temas y técnicas relegadas. Nos abrazamos artistas académicos y populares, sin distinción.

Por primera vez, nos acercamos los artistas de Chaco y Corrientes. Luchamos con pinturas murales por causas justas: contra el casino que querían instalar donde está el pueblo San Pedro Pescador. En ese tiempo, me instalé a vivir en una carpa del lado chaqueño. Vencimos. La amistad con los chaqueños se hizo duradera. Íbamos a pie por el Puente General Belgrano de Yaguá Rincón al San Pedro, y de ahí al CECUBA, un trayecto de más de 30 kilómetros. A ese recorrido lo llamamos Guaranípolis. El nombre fue idea de Silvestri.

En esos tiempos estaba convencido de que la gestión cultural, si se dinamiza creativamente y logra transformar o demostrar realidades, puede ser considerada una obra de arte. Mis herramientas entonces eran hacer que las cosas pasen, pero además, tenía mi cámara de fotos, con la que registraba obras, muestras, y con la que buscaba capturar el paisaje y su transformación a través del arte. Me nutría de la tradición artística y fotográfica, y a la vez me gustaba mostrar la belleza turística de esta tierra, para que se valore el paisaje. Soñaba con que la ciudad cambiara su fisonomía a partir del circuito cultural que nosotros llamábamos Guaranípolis. El río era lo que nos unía, no lo que nos separaba. Este ensayo visual es testimonio de esos días de arte, gestión, transformación. Una vida entre dos orillas, a caballo del arte.

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