Serie del Fuego

Para la cocción de las piezas de barro y su transformación alquímica en cerámica no uso hornos eléctricos, sino que las piezas se queman a leña en hornos tatacuá, pozo de fuego, se podría traducir para nombrar los hornos con forma de iglú.

Otras veces la quema es en grandes fogatas a cielo abierto, que son en sí mismas un espectáculo, un ritual participativo donde se da la bienvenida a la música y el chipá mbocá.  

Esta serie de fotografías son también registro de performances: el momento exacto en el que tras seis a diez horas cuidando la llama, alimentando el calor, moderándolo, en fin, las artes del fuego, llegan a su punto máximo. Se trata de alcanzar los mil grados de temperatura y lograr cristalizar las moléculas de barro para convertirlas en piedra. Como sucede naturalmente un volcán o un meteorito, controlando la técnica del fuego. Un ritual que conecta con lo más ancestral y genuino del hacer cerámico.

Dejar que el fuego queme las penas, las tristezas, el llanto, los errores, todas las fallas. Intentar perdonarse. Alentar la llama con flores de lavanda, ramas secas de romero y hojitas del limonero. Calentarse el alma con canciones, poemas, charlas, abrazos. Compartir el pan. Ver cómo se transforma el barro en cerámica y transformarse uno a la vez. Irse a casa lleno de energía y olor a humo, mucho más sereno. Conservar el efecto de sentirse como las piezas cuando salieron del pozo: incandescentes.

M.P.Z.

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