Exposición compartida con la artista paraguaya Ingrid Seal, del 8 de noviembre al 17 de noviembre de 2023 en el Centro Cultural de la República del Paraguay (Tucumán 1833, Ciudad de Buenos Aires).
Dialógos del Litoral hermana a dos artistas de ambas orillas del Paraná. Ingrid Seall y Richar De Itatí comparten el paisaje y las raíces, y la pasión por la escultura. En su encuentro, sus piezas se transforman, mutan, se dejan llevar por la mutua inspiración.
La muestra trae a las tres salas del Centro Cultural de la República del Paraguay aires del Litoral, con esculturas en barro, bronce y madera. Los artistas presentan también dibujos y acuarelas. La muestra se completa con una pieza sonora y un video de Richar De Itatí, desde donde brotan sonidos de la selva: chicharras, carayás, chamamés… Se puede ver también parte del proceso que llevó hasta ahí a los artistas: dibujos que son bocetos, moldes de cera. Modos en los que el diálogo a la distancia fue tomando forma.
La muestra cuenta con un texto curatorial de la curadora, investigadora independiente y gestora intercultural Andrei Fernández, que trabaja en, y desde, el norte de Argentina en proyectos que se desplazan entre la literatura etnográfica, la economía social y el arte contemporáneo, en cooperación con artistas, activistas e investigadores.

Ingrid abre su figuración a seres inclasificables, que incorporan maderas, vestigios del paisaje. Richar da forma con el barro de su tierra, Itatí, a antiguas tipologías de la alfarería guaraní que se vuelven en estos tiempos objetos voladores, seres en mutación.
La organización integral de la muestra está a cargo de Christy Russo. Cuenta con el apoyo de la Embajada de la República del Paraguay en Argentina, el Ministerio de Cultura de Buenos Aires Ciudad, el Cabildo de Asunción Paraguay, Ministerio de Cultura Corrientes, Tiki Espacio de Arte Paraguay, Familia Decoud, Pinta Sud, Acercando Naciones ONG, Bodega Simonassi Lyon y la empresa de trasporte Nuestra Señora de la Asunción Paraguay.

La melodía relampagueante
Pero acecha de promisoria
avalancha tus manos. Pisa, en el aún vacío,
con tus pies de crecimiento iluminante, la
cerrazón que obtura el esplendor deseado
del andar.
Después salta: inventarás un cielo
de estrellas que no viste y te visitaban, sin
embargo en tus sueños; y no sabrás que eran
lo que, tardíamente, eran lo real que irás creando.
Aldo Oliva
Desde diferentes orillas de un mismo río, Ingrid Seall y Richar De Itatí iniciaron una conversación a partir de la materia e imaginación que comparten. Su idioma está compuesto por el barro, el fuego y la memoria. El encuentro se mece entre la vegetación y el canto, y también los chillidos, de animales y bichos. Las palabras se pronuncian en guaraní. Se atizan preguntas, por el futuro de lo que enciende comunidades. Se alimenta el diálogo interespecies, porque urge. El presente y el pasado se sumergen y flotan una y otra vez.
¿Qué muestran nuestras prácticas artísticas de nuestra imaginación política? Las formas modeladas por Ingrid y Richar exponen huellas de remolinos, de rezos, de silencios, de lo que brilla en medio de un cauce, donde los bordes se hacen luminosos para desarmarse. Traen presencias que desconocen de fronteras. La materialidad es un territorio atravesado de fuerzas variables ante cualquier evento exterior. La posibilidad de permanencia de las obras está en la memoria, más si la memoria se hace colectiva. La repetición es la resistencia. Pacientemente los cuerpos siguen coreografías que sostienen y alzan mensajes, que encienden refugios e inundan de otros sentidos a lugares donde antes solo habitaba la incertidumbre.
Esta es la historia de una hondura que une e inventa un nuevo esplendor en el
andar compartido, de crecimiento iluminante.
Andrei Fernández

Virgen de Itatí
Premio Estímulo
Bienal de Arte Sacro 2023
Noche a noche, me aparecía en sueños una Virgen blanca, inmaculada. Mientras la construía con la técnica guaraní de chorizos superpuestos y corrugado, mientras la Virgen iba apareciendo, le prendía velas. Usé agua bendita para amasar el barro, y para unir los chorizos con mucílago (baba de cactus y aloe) y desparramé dentro pequeños restos arqueológicos que encuentro en la costa del río, y que uso para transmitir la técnica.
La Virgen está hueca, como huecas son las obras de cerámica. Sin embargo, en este vacío, la Virgen contiene la luz que es su alma, que se enciende con las velas que le ponen los fieles, con fe, agradecimientos y pedidos. Intento rescatar la tradición alfarera guaraní desde el arte contemporáneo, y revalorizar así al pueblo desde sus virtudes: iluminar el barro con el fuego, iluminar al barro de Itatí con la luz de las velas junto a la Virgen.
Más información de esta obra: clic.

Serie del Fuego
Fotografía, 2023

Hace más diez años trabajo para recuperar la tradición alfarera en Corrientes, especialmente en mi pueblo, Itatí, que fue un centro ceramístico vital hasta 1934. Me especializo en técnicas guaraníes y de sus ancestros, los arawuak, que recupero con mi obra. Junto con el arte contemporáneo, es una síntesis de tres culturas de distintos tiempos que se pone en diálogo. Amaso la tierra junto al agua, el barro, y amaso una idea, una forma, historias, culturas, localidades-territorios. Con paciencia y el fuego, se cristalizan en cerámica objetos singulares.
El proceso de mis piezas comienza con una recolección de barro de distintos tipos. Barro gris de los Esteros del Iberá, de Colonia Pellegrini, mezclado con el barro rojo de Itatí, barro santo, que tiene cantidades importantes de óxido de hierro que le da su tono característico y de mica, que le aporta motas de brillo y una condición refractaria que lo hace único. En la mezcla hay kupií, que es el hormiguero de las termitas, de la zona de Guayú. También, arenisca de la costa del Río Paraná y talco natural extraído del Acauaí, frente a la Isla Pacurí de Itatí. Otras veces incluyo en mis mezclas tierra de San Luis del Palmar y de Corrientes, o de islas a las que llego a remo.

Para hacer de todas estas tierras de distintos paisajes una pasta cerámica, amaso con mucílago, baba de cactus. Como mínimo lo dejo reposar un ciclo lunar. Recién entonces, comienzo a levantar la pieza con el sistema tradicional de chorizo de los pueblos originarios, cordones superpuestos.
Después, cada obra pasa por un detallado proceso de bruñido, un pulido a mano con piedras de cuarzo o semillas de curuguai, para lograr impermeabilizar la pieza y darle brillo. Son técnicas originarias que se diferencian de las occidentales y orientales del esmaltado y el uso del torno, de los que los prescindo en favor de una realización y acabado manuales, pacientes e introspectivos.
La cocción también es diferente. No uso hornos eléctricos, sino que las piezas se queman a leña en hornos tatacuá, pozo de fuego se podría traducir para nombrar los hornos con forma de iglú. Otras veces la quema es en grandes fogatas a cielo abierto, que son en sí mismas un espectáculo, un ritual participativo donde se da la bienvenida a la música y el chipá mbocá.


Futurismo indígena
Serie Totems y monstruones
Los tótems y monstruones guaraníes no son del pasado ni del presente ni del futuro, sino entes emocionales y sagrados, que tienen forma de plantas, animales, montañas, nubes, y a la vez recuperan una ancestral forma de hacer alfarería. Los totems, como pequeños dioses actuales. Los monstruones, seres híbridos, post-especies. Con ellos, desde el arte contemporáneo, vuelve al presente la tradición guaraní de amasado de barro del litoral, la construcción por chorizos superpuestos, el corrugado, bruñido, pulido, el ritual de la quema a leña a cielo abierto.









Traen una imagen a la vez enraizada en una cultura antigua, pero en diálogo con la actual, para imaginar un futuro distinto, donde los tiempos convivan, las culturas dialoguen armónicamente, las especies coexistan en una hermandad. La escritora Úrsula K. Le Guin nos habla de una nueva forma de practicar el ambientalismo: “Una forma de dejar de ver a los árboles, los ríos o las colinas sólo como recursos naturales es clasificarlos como seres compañeros: parentela. Supongo que estoy tratando de subjetivar el universo, porque miren a dónde nos ha llevado objetivarlo”.


Para dejar de lado la idea inexorable de un futuro infernal y un presente restrictivo, estos seres tienden un puente en dirección contraria al horizonte de la distopía. Los tótems, un intento por dominar el miedo a los dioses desconocidos: moderar su poder en una imagen, aquietarlos, contentarlos… volverlos cercanos. Amigables. Los monstruones, una evolución o adaptación en la que perviven plantas, minerales y animales.

Las imágenes de los futuros posibles modelan aquello que nos importa en el presente. Si en vez de tierras arrasadas y androides desalmados concebimos otro horizonte, vivimos el hoy de otra manera, valorando aquello que una imagen nos señala como un porvenir posible. Estos entes guaraníes inventan un destino diferente, donde la evolución implica volver sobre los saberes ancestrales y aquello que tienen de bueno. Es la posibilidad que estas esculturas abren: la de soñar con un futurismo indígena guaraní.

Ovnis
Los ovnis son naves espaciales o piezas originarias evolucionadas. Llegan al presente por puertas dimensionales o rulos temporales, quizá del pasado o también del futuro. Algo tienen que decirnos.

Las piezas son urnas funerarias que asemejan a ovnis en forma de diamantes con toques de mica en sus aristas y brillan también por el bruñido de la pieza total. El corrugado típico de los guaraníes se logra con el sistema de chorizo o rollizo. Este corrugado se encuentra en la zona superior como cierre o tapa horizontal de la urna diamante. Esta es una de las destrezas técnicas de los sabios guaraníes: lograr superponer los rollizos de barro en dirección casi horizontal e ir uniendo hasta cerrar la forma sin que ceda o se desplome estando aún fresco o casi fresco y lograr unir los cordones de barro.
Por medio de estas piezas de arte contemporáneo, vuelven del pasado tradiciones y saberes olvidados.

Video
Río Paraná. Canoa. Video, 2011.

El río siempre es un misterio. Es una entidad que, si quiere, te engulle o te ayuda. No tiene explicación. Esta pieza resume ese sentir. El equilibrio entre la paz del río y la tensión de estas piedras que flotan en la canoa y pueden hundirla. En los tiempos en que se grabó este video, Richar De Itatí vivía en San Pedro Pescador, un pueblo a la vera del río que era amenazado por la construcción de un casino. El artista vivía bajo el puente Resistencia-Corrientes y luchaba por la defensa del pueblo pintando murales en cada casa. Las piedras iban a ser cimientos de una nueva vivienda que no llegó a existir. En la precariedad de la embarcación, el agua comienza a entrar. La existencia es tan frágil como eso.

Nota en Clarín, Argentina.
Nota en El Nacional, Paraguay.
